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¿Tanatopolítica en Brasil? – El clásico poder soberano sobre vida y muerte

13 May

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Hace pocos días a unos cuantos meses de la celebración de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014, el periodista Danés Mikkel Keldorf Jensen realizó afirmaciones polémicas sobre muertes masivas de niños en situación de calle en la zona de Fortaleza, para “limpiar” la zona y brindar una imagen internacional que brinde soporte a la derrama económica deriva del turismo.

Sin embargo, pese  a que Bismarck Maia, gobernador del estado de Ceará niegue la situación particular denunciada, lo cierto es que la situación de las favelas es algo que arrastra la historia brasileña desde hace muchos años, al tiempo que Jensen nos ha hecho recordar los famosos grupos paramilitares denominados “escuadrones de la muerte” de 1990, los cuales emergieron en el marco de lo que podría llamarse entonces un estado fallido.

Si bien, el Estado Brasileño ha manifestado que los comentarios vertidos por el periodista danés carecen de evidencia, su historia de impunidad le condena a la observancia internacional, y polemiza lo que podría ser una política de Estado bajo el velo de la violencia social.

En este sentido, los hechos me han llevado a reflexionar respecto de la estructura de la seguridad democrática tomada por Brasil, y si es posible explicar los recientes actos declarados, sin conceder su certeza, bajo los postulados teóricos que Roberto Esposito, en lo que él con base en los estudios de Michel Foucault, denomina tanatopolítica.

Esta postura tan polémica heredada por el estado nazi, explica las razones que conllevan en determinado momento a una nación a integrar dentro de sus ejes regentes una posición médica que analice los peligros endémicos, concibiendo al Estado como un ser vivo que puede enfermarse y contagiarse, y por ende generar su inmunización a través de la extirpación violenta de sus miembros contaminados y degenerados antes de que sea una epidemia.

Así, la muerte viene a convertirse en un medio de “limpieza” y elemento esencial para la supervivencia de los otros que han sido evaluados como sanos, donde el Estado encarna esta negatividad como el impulso productivo del sistema, haciendo que la violencia tenga un efecto conservativo-constructivo. De modo que  el poder mantiene la vida a través de la eliminación de los agentes amenazantes y paradójicamente busca el control de la violencia.

La pregunta de mayor fuerza es si en verdad el Estado Brasileño converge con la tanatopolítica como medio eficiente para retornar la estabilidad social del país y de ser así, buscará los medios para “normalizar”  a la ciudadanía a través de la legalización de la violencia, o se seguirá hablando bajo grandes telones sobre ejecuciones extrajudiciales.

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Publicado por en mayo 13, 2014 en Noticias

 

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